Valija corrupción argentina

Los sucesivos escándalos de corrupción que hicieron vibrar los medios de comunicación últimamente, lleva a preguntarnos ¿cómo pueden robar con tanta impunidad?

Lo cierto es que la corrupción aparece ante la falta de límites al poder del gobernante, en donde los que resultan electos se consideran con poder absoluto. En esta democracia ilimitada, lo primero que se pierde, es la calidad institucional.

En nuestro país prima la impunidad. Las sanciones que se aplican son débiles, y la mayoría de las veces, las causas prescriben. Es decir, los incentivos para la corrupción son muchos. Los economistas solemos decir, que es barato delinquir y ser corrupto en Argentina. El beneficio del acto ilícito pareciera superar todos los costos, y las probabilidades de detección y aplicación efectiva del castigo, son bajas.

Calidad Institucional para crecer

Cuantas veces escuchamos decir “¡Cómo un país tan rico en recursos naturales puede tener tal pobreza!”. Sin embargo, ha quedado demostrado que no son los recursos naturales los que determinarán si un país será rico o pobre, y sí su capital humano y la calidad de sus instituciones.

Existe una gran cantidad de estudios realizados sobre la calidad institucional para explicar el crecimiento o decadencia de los países. Y en general, son los gobiernos populistas los principales actores en la destrucción de ésta.

Por otro lado, su relación con la corrupción es extremadamente estrecha. En modelos económicos donde se utiliza el Índice de Calidad Institucional para explicar la corrupción se puede ver que ésta es altamente significativa, y negativa: A mayor calidad institucional, menor corrupción.

Índice de Percepción de la Corrupción 2017

En el ranking realizado por Transparency International, el cual clasifica 180 países y territorios según las percepciones de expertos sobre el nivel de corrupción en el sector público, Argentina se ubica en el puesto número 85 – el orden va del mejor al peor puntuado. A su vez, Uruguay y Chile se encuentran mejor posicionados en el puesto 23 y 26 respectivamente.

¿Mayor gasto público, mayor corrupción?

Depende. Si un país cuenta con una buena calidad en sus instituciones, un mayor gasto público generará mayores controles, y por ende, menor corrupción. Sin embargo, cuando se trata de países con baja calidad institucional, la cuestión es otra.

Los países de América Latina pierden miles de millones de dólares por año en gastos públicos ineficientes. Un estudio publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estimó que el malgasto en la región podrían llegar a costar hasta US$220.000 millones al año, o el equivalente al 4,4 por ciento del PIB de la región.

Las estimaciones varían según los países. Argentina, se ubicó en el primer lugar con ineficiencias potenciales de 7,2% del PIB. El mejor posicionado, fue Chile con 1,8% de su PIB.

Gasto Público Ineficiente BID

En el caso de Argentina, el aumento del intervencionismo estatal ha generado mayores ineficiencias económicas a través de gobiernos populistas guiados por la corrupción. Durante el kirchnerismo, el Estado amplió su tamaño considerablemente. El gasto público llegó a 44% del PIB, nivel de gasto alto en función de su historia y en relación con países parecidos.

Esta ineficiencia producida por errores, fraude o corrupción, se traduce por ejemplo en 11,7% de argentinos que aún no cuentan con agua corriente y 34,3% viviendo sin cloacas. Cifras que dan una idea sobre el gran retraso de nuestro país.

Hoy hablamos de los famosos cuadernos, pero no debemos olvidarnos de los subsidios económicos y sociales, en donde las sospechas por corrupción son tan grandes como en la obra pública. Tampoco debemos pasar por alto la ineficiencia que existe en el empleo público, donde la cantidad de personas trabajando para el Estado hoy trepa a 3.156.000, es decir 1 de cada 4 asalariados en blanco son estatales. Además, la remuneración a los empleados como porcentaje del PIB es la más alta de toda América Latina Y el Caribe, inclusive es más alta que el promedio de la OCDE. Y sin dudas, esto no se justifica con una mayor productividad.

Sin embargo, todavía hay quienes se conforman con un “roban pero hacen”. Es hora de entender que el hacer, es su obligación, y a quienes roban es a nosotros, los contribuyentes. No por nada somos el país que más impuestos paga en el mundo. Llegó el momento de darle la importancia que se merece: La corrupción destruye, y hace económicamente inviable un país.

Por Laura Neme

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