Deficit-fiscal

En los últimos 10 años Argentina ha incurrido sistemáticamente en déficit fiscal, es decir, que durante la última década se ha gastado más de lo que se ha producido. Mantener en el largo plazo estos desequilibrios se hace imposible para cualquier sistema económico y político del mundo, por lo que sostenerlo durante 10 años ha generado distorsiones macroeconómicas que nos hacen pensar si la actual crisis se debe a un desequilibrio en la balanza de pagos o si es netamente un problema de déficit fiscal.

Para entender lo que ha pasado en estos últimos 10 años consecutivos de déficit fiscal, vamos a analizar los principales instrumentos con los cuales se puede financiar:

La deuda total en Argentina actual asciende a US$ 323.000 millones, de los cuales el 60% son títulos públicos, 25% prestamos de organismos internacionales, 12% letras del tesoro y el 3% restante pertenecen al Banco Central. La deuda con el FMI, cuyo acuerdo comenzó a mediados del 2018, es de US$ 44.000 millones lo que representa un 13% del total de la deuda pública. En los últimos 10 años la deuda soberana aumento un 77%, paso de ser US$182.000 millones a US$ 323.000. Lo que deja entrever que no importa el color político de los representantes a la hora de endeudarse para sostener el déficit.

Otra forma de financiación es la monetización del déficit, es decir, la emisión monetaria como mecanismo para sostener el gasto público. Del 2009 hasta 2019 la base monetaria del Banco Central aumento en un 1.500%, si ese reparto de dinero no es acompañado por un crecimiento económico que genere que la demanda de dinero también aumente, inevitablemente se transforma en un aumento de precios sostenido en el tiempo. Los números así lo reflejan, la inflación acumulada de los últimos 10 años es de 1.800% y el tipo de cambio oficial paso de ser $3,5 en el 2009 a $65 en el 2019, 1.750% de aumento.

Las reservas del Banco Central también pueden ser utilizadas y así fue mientras existió margen de disponibilidad. Tocaron su piso en el 2015 de US$25.000 millones y su techo en el 2018 de US$ 77.000 para quedar finalmente US$ 45.000 millones actuales.

Y por último, se recurrió al aumento de impuestos hasta llegar a ser uno de los países con la mayor presión tributaria del mundo. Aumento de retenciones, ganancias, renta financiera, bienes personales, al turismo, a la moneda extrajera, impuestos de carácter transitorio que se transformaron en permanentes, y las tasas provinciales y municipales. Todos y cada uno de ellos fueron manipulados por las distintas administraciones para conseguir mayor recaudación en detrimento del crecimiento y la producción.

Sostener un gasto público que pasó de ser de 26% del PIB en el 2003, al 40% en el 2009 y posteriormente llegar al 47% en el 2019, no es nada fácil y al parecer se agotaron los recursos para mantenerlo. Llegó el momento en que el ajuste fiscal debe hacerse, el déficit fiscal debe eliminarse y recién ahí pensar en un sendero de crecimiento a largo plazo porque en definitiva el problema siempre fue nuestro, y siempre lo será.

Por Francisco Baesso Avila

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