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Imagen: REUTERS/Nacho Doce

Un estudio realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que incluyó a más de 20 países en distintas partes del mundo, señala que la movilidad social se estancó y la desigualdad aumentó en la última década.

Según este estudio, en el caso de Argentina, el período para salir de la franja social pobre se extiende a seis generaciones, al igual que Chile. En el caso de Brasil, ese lapso se estira a nueve generaciones, y para Colombia abarca a once.

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Como se puede ver, Colombia es la nación en la que un niño tiene menos posibilidades de salir de la pobreza. Pues se necesitan cinco generaciones para que una familia supere la pobreza y unas 11 para que alcance un ingreso medio.

“Esto es decepcionante”, dice Gabriela Ramos, directora general de la OCDE, en conversación con BBC Mundo.

“El problema es que ha habido un crecimiento excepcional de la riqueza, pero vemos al mismo tiempo cómo hay familias que siguen atrapadas en la pobreza o en trabajos informales de mala calidad”.

En el informe de la OCDE “¿Un elevador social descompuesto? Cómo promover la movilidad social”, los investigadores analizaron el ingreso de los hogares del 40% de la población con menos recursos económicos y del 10% más rico, observando las brechas en la distribución del ingreso, y llamándoles especialmente la atención las diferencias regionales del país y la baja calidad en el acceso a trabajos de buena calidad.

El contraste con el mundo desarrollado es notorio. En los países nórdicos demanda de dos a tres generaciones frente a nueve o más generaciones en algunas economías emergentes.

La especialista Gabriela Ramos señala que “En los países nórdicos se combinan la poca desigualdad y la alta movilidad, mientras los latinoamericanos y algunas economías emergentes tienen una gran desigualdad, pero poca movilidad“.

Volver al punto de partida
En gran parte de los países de la región las familias que logran salir de la pobreza, vuelven a caer en un pestañear de ojos , por lo que conforman una clase media vulnerable que regresa a su situación original ante cualquier imprevisto.

Muchos de los gobiernos de estos países realizan transferencias monetarias para reducir la pobreza, pero ese tipo de políticas no logran cambiar el problema de fondo: la desigualdad.

Chile, ¿un ejemplo a seguir?
Chile tiene más movilidad social, pero es muy volátil.

Si bien el 30% de las familias más pobres de ese país ha tenido la posibilidad de moverse hacia arriba, cerca de la mitad de los que mejoran vuelve a su condición previa, lo que genera una alta volatilidad.

El otro factor es el crecimiento económico. Chile se ha mantenido estable y ha permitido reducir la brecha, además de los efectos de programas sociales y beneficios para que las empresas puedan invertir en la educación de los trabajadores.

Pobre Movilidad
En este contexto, Ramos plantea que el papel del Estado es nivelar las desventajas que se producen en el mercado, pero su análisis arroja que, en general las políticas no logran ser exitosas en este terreno.

De hecho, existen varios países de la región que no han terminado de construir sus sistemas de protección social y se han enfocado más bien en paliar los efectos de la pobreza.

La mayoría de las investigaciones realizadas, insisten en la necesidad de asignar recursos a la educación preescolar.

“La educación de baja calidad genera empleos de mala calidad y así se reproduce el ciclo de desventajas”, dice Ramos.

“En América Latina la movilidad se estancó. Pienso que ahora estamos remontando, pero con muchas incertidumbres en el camino”.

Por Laura Neme

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