Nasdaq y S&P500 desde los mínimo de marzo 2009 al día de hoy

Estamos en un escenario reflacionario. La hoja de balance de la Reserva Federal se duplicó en medio de la pandemia y se acerca a los u$s 8 trillones. El QE (Quantitative Easing: Emisión de dinero contra compra de activos) del Covid fue más agresivo que todo el QEI, QEII, QEIII de la Crisis Subprime. Desarmar esto será una ardua tarea, con un fuerte impacto de por medio. Tenemos a la Fed en una nueva trampa de liquidez.

Sin embargo, no por ser una burbuja será inestable o implosionará. Si bien estas distorsiones monetarias no son indiferentes al equilibrio general, es una manera de generar recuperación en la economía real.

La lógica que tiene la Reserva Federal es emitir y concentrar esta emisión en activos financieros generando un salto nominal en los mismos. Este salto produce un “efecto riqueza” para los ciudadanos norteamericanos, lo cual favorece al consumo y por transición, impulsa la economía.

El mensaje implícito de la Fed es “evitá licuación comprando activos financieros”. Podemos ver este efecto observando la alta correlación entre la liquidez global y la dinámica del SP500 por ejemplo. Gran parte del Bull Market se debe a la histórica inyección de liquidez en donde el dinero fluyó hacia los activos financieros como nunca antes se vio. En estos momentos, el mercado se encuentra en máximos y la volatilidad en mínimos, confirmando esta tendencia.

De esta forma, las familias norteamericanas se hacen más “ricas” gracias a la bolsa. Así, el patrimonio neto de los hogares estadounidenses subió a nuevos máximos este año. Esto se debe en gran parte al aumento en las acciones.

Para dimensionar aún más el concepto de reflación de activos financieros, veamos en el gráfico cómo se comportó el Nasdaq y S&P500 desde los mínimo de marzo 2009 al día de hoy. Tenemos al Nasdaq 1184% arriba y al S&P 500 482% arriba.

Es así como la Fed, con los 3 QEs implementados en la crisis previa, generó un Bull Market que se extendió desde marzo 2009 hasta febrero 2020 cuando el Covid generó un colapso en los activos financieros. Y bajo el mismo criterio, decidieron crear una burbuja aún más grande. Si la estrategia le vuelve a salir bien a la Reserva Federal, es probable que este Bull Market pueda durar mucho más que un año.

Alertas en el mercado

Existen señales de advertencia que están rondando por Wall Street que podrían indicarnos que la tendencia puede estar agotándose.

Al planchar las tasas, la Fed destruyó el mercado de bonos como alternativa de inversión para un ahorrista moderado llevándolo a huir de la licuación a través de posiciones en acciones, commodities, real estate o criptomonedas pero con riesgos mucho más elevados de lo que el mismo estaría dispuesto a asumir en condiciones normales.

En este mismo sentido, las tasas bajas nominales y reales generan valuaciones caras y una mayor demanda de acciones para darle retornos positivos contra la inflación a los portafolios. La única manera de generar retornos reales en las carteras es incorporando una mayor cantidad de acciones.

Por lo que la exposición a acciones de inversores individuales se encuentra en récord histórico, lo cual podría habilitar un agotamiento en los flujos nuevos, quitándole al mercado ese impulso alcista que lo domina hoy. Si los activos pierden demanda, los riesgos de corrección se potencian.

Morgan Stanley advirtió que su Market Trading Indicator, el cual anticipa momentos de saturación alcista o bajista, está en máximos históricos. Muy cercano a niveles previos al estallido de la burbuja subprime en 2008 y de la burbuja de las puntocom en el 2000.

Por otro lado, el Índice de Warren Buffet, que mide la capitalización bursátil global divido por el PBI mundial, se encuentra en niveles de 132%, es decir que las valuaciones de las acciones están por encima de los niveles previos a la burbuja puntocom.

Sin embargo, los contextos son diferentes. Las tasas bajas hacen que las valuaciones actuales sean más altas. Es decir, el descuento de sus flujos tiene más valor presente y por lo tanto podemos permitirnos múltiplos más altos que lo que la historia nos da.

Por Laura Neme

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