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Una serie de sucesos ocurridos en los últimos meses explican en parte la crisis cambiaria actual de nuestro país.

A fines del año pasado, el Senado convirtió en ley la reforma tributaria, en donde se incluyó un impuesto a la renta financiera. Como toda imposición, generó una distorsión en los incentivos de los inversores. En ese momento, ante el nuevo “costo” de invertir en pesos, éstos empezaron a ver al dólar como una alternativa más rentable. El primer eslabón de la cadena de sucesos.

En el mes de Enero, el BCRA con Federico Sturzenegger como presidente de dicha entidad,  bajaba la tasa de interés y la fijaba en 27,25%, acorde a una nueva meta inflacionaria que pasaba del 10 al 15% para el año 2018, algo que hoy parece increíble. Como bien sabemos, el costo de oportunidad del dólar es la tasa de interés de referencia que fija el Central y viceversa, por lo que la baja de la tasa presionó al peso así como también sembró dudas en el mercado de cómo el gobierno cumpliría la meta de inflación fijada si la primera medida fue ceder en sus políticas monetarias disminuyendo la tasa de interés.

El primer “cisne negro” de la economía mundial, fue la suba de tasas de la Fed (reserva federal de EEUU). Cuando una economía líder como la de EEUU aumenta sus tasas, en general las monedas del resto del mundo que son más débiles que el dólar, se deprecian. El peso por supuesto no fue la excepción y dicho aumento de tasas volvió a presionar al peso, provocando  lo que a esa altura era insostenible, la primer corrida del dólar que aumento más de 30% durante el mes de mayo.

Guerra comercial entre China y EEUU, devaluación de la Lira turca y del Real Brasileño son los acontecimientos que prosiguieron, tanto Turquía como Brasil son mercados emergentes y el mercado suele actuar en función a la aversión al riesgo, por supuesto que en una economía débil como la de nuestro país esos “golpes” nos afectan mucho más de lo que deberían.

También la sequía más grave de los últimos 50 años juega un papel fundamental  a la hora de explicar la falta de dólares para hacerle frente a las corridas y al déficit comercial.

Por supuesto que la crisis actual no se explica solamente por este listado de sucesos, el problema de la economía Argentina es estructural: déficit primario de más de una década, déficit comercial, atrasos cambiarios, triplicar el gasto público en los últimos 10 años, inflación incontrolable y una de las presiones impositivas más grande del mundo, explican en mayor medida nuestra situación.

Porque cada 20 años una generación tiene que pagar la corrupción, la irresponsabilidad y el despilfarro de las arcas públicas, será el momento de aprender que el largo plazo siempre llega y pasa su factura.

Por Francisco Baesso Ávila

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